Azul-violeta-naranja

“Adiós“ solo vi el movimiento de su mano. Todo dicho, a las seis de la tarde justo el momento en que se dividen el día y la noche, el y yo nos partimos en dos.

Era una escalera en espiral, bajaba y bajaba, girando, revolviéndome. En cada piso volvía a asomarme para comprobar que aun seguía ahí parado, otro piso, otra mirada. Al llegar a la planta baja solo alcance a ver su mano “Adiós”. El frió en la calle se parecía al frió que había quedado después de la despedida, me decía “no queda nada ahí dentro“. Pero costaba creer que esa misma mano había tomado mi cabello, mi cuello, mi alma y los había violentado.
Cinco minutos antes de mi bajada en espiral, estaba en otro lugar; la azotea, parada bajo la nieve, dejándola caer sobre mi, dejándola que empapara mi interior, yo parada, el apresurado evitando el agua. Eran los últimos momentos, el cielo se despedía de mi de una manera única, azul-violeta-naranja, hermoso, no necesitaba mas. Después parados ante la puerta y la escalera, sin roces, ni palabras, solo con un gesto entendimos todo, no nos veríamos nunca mas. Y solo quedo eso una escalera obscura, una mano y un Adiós.

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