Scrooge no estaba equivocado

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Yo, Grace Navarro, apoyo la teoría Scroogiana. Cuando Dickens escribió Un cuento de Navidad, sobre Ebeneezer Scrooge, dibujó a un hombre codo, amargado y sin corazón. Un jefe ingrato que sólo pensaba en su negocio y explotaba a sus empleados. Pero por qué ser tan injustos con él, ¡Si!, el pobre estaba amargadito, pero su conducta tenía una razón: la vida lo trató mal y simplemente es una persona ahorradora.

Mi acuerdo con Scrooge va en este sentido:

Llega la Navidad, y nos ponemos melosos, cariñosos y festivos.. algunos otros hasta borrachos e impertinentes. Salimos a abarrotar las tiendas, a arrebatar los juguetes, a meternos en las filas, para según esto hacer más felices a los hijos, a la esposa, a los papás, los abuelos, los tíos, los amigos, etcétera.

Somos bipolares porque en diciembre nos transformamos en todo lo que no somos el resto del año. Creemos que comprando y endeudándonos vamos a pasarla mejor o que con eso vamos a mostrar nuestro gran corazón y las grandes personas que somos. Y en enero que llegan los estados de cuenta, desaparece nuestra gran sonrisa, nuestro ánimo festivo y nuestro trato amable se torna amargo. En dos patadas, adiós a nuestra gran interpretación de bonachones Santa Clauses.

Yo soy Scrooge, reniego de gastar lo que no tengo, o de deber más de lo que ya debo. Prefiero juntar mis pesitos, echarlos en mi alcancía de cochinito y pagar colegiaturas, renta, vestido y comida. No crean que no me gusta comprarme mis cosas, es sólo que no estoy de acuerdo con el despilfarre desmedido de estas épocas.

Peeero.. tengo mis diferencias con Scrooge, él y yo no somos compatibles en la dureza del corazón. Yo sí festejo la Navidad, sólo que de otra forma. Abrazo a los míos, bailo, si puedo, río y ceno mucho. Ya ven, no me juzguen, no soy tan mala, aunque admito que sí reniego de los tumultos y la cursilería.

Así que, por favor, no salgan a abarrotar los lugares, no gasten de más, no enseñen a sus hijos que así se demuestra el cariño. La Navidad es otra cosa. Eso me dijeron.

Les mando abrazos a todos, espero hayan pasado una feliz Navidad y que sus bolsillos estén intactos.

¡A guardar esos aguinaldos se ha dicho!

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Día de perros

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A veces los días son largos, otros son pesados, muchos son divertidos. Pero siempre ando de pata de perro. Y lo disfruto. Me encanta ser trompo, correr y hacer, por eso estoy agradecida. Gracias vida, gracias. Aquí mi día.

Otro año más

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No entiendo muy bien eso de la niña interna, que más que la verdad. Supongo que ella y yo somos una misma. Y las dos cumplimos años mañana. ¡Otra vez!

Era domingo, era 13, era diciembre. 1970. Mexicali. La señora Navarro esperaba una bebé. Hacía mucho frio, más a las 4 de la mañana. La despertó el llanto de su otro bebe, se levantó a ver qué pasaba, en ese momento sintió un dolor fuerte. La bebe quería nacer. La pareja se preparó para salir al hospital. Corrieron, no alcanzaron a preparar nada. Llegaron. En cuanto la señora Navarro bajó del carro sintió que ya no podía más. Le pidieron que aguantara, que se detuviera, pero no pudo. Su niña nació en el pasillo. Nada de anestesia y un parto rudo. Mucho dolor, mucha felicidad. La niña como changuito, peludita, peludita. Sietemesina. A esa niña le pusieron Grace.

Yo no sé si es cierto, me lo contó la señora Navarro.

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Eso fue hace 43 años (si, 43, carajo) y hoy no sé si festejar, siempre hay motivos para hacerlo pero a veces me embarga un cansancio terrible. Una apatía de: “Mejor me quedo en mi casa bajo mis cobijas”. Y la Grace, esa impulsiva que quiere salir ya en el minuto/instante que ella quiere, desaparece. Se pone filósofa, cuestiona todo. Son 43 años, tanto vivido, tanto aprendido y por aprender. Tanto.

Estoy agradecida de lo que tengo, de lo vivido, de mis seres queridos. Soy más que afortunada. ¿Qué tanto me merezco? ¿Por qué tanta suerte? Tanto bueno en mi vida. Respiro y analizo. Me felicito y me recrimino. Simplemente cada cumpleaños sirve para observar a fondo lo que he hecho y he dejado de hacer. Para planear lo que sigue, para autoevaluarme.

Esta noche, tomaré la balanza para ver si se inclinó más hacia el lado correcto.

Y después, a festejar. Espero.

Sobre mí

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Hoy desvarío, y como hoy se trata de mí, permítanme unos datos al aire, sin sentido y sin nada. Sólo son sobre mí. Son mi lluvia de ideas de mí.

Grace del latín gratia, gracia o gracias. En la mitología griega las tres Kharites (Gracias o Gratiaes) eran las diosas del encanto, la belleza, del baile, la festividad, el placer y la música. Alguna cualidad de esas debo tener. No soy una diosa, pero me encanta la mitología griega.

Me he equivocado. Varias veces. Cuando sé que hice mal me cuesta trabajo pedir perdón. Lo hago, pero me cuesta. Y siempre estamos pidiendo perdón. Yo por lo menos. Siempre y nunca.

Odio que me digan cómo hacer mis fotos, son mías, déjenme sentirme creativa. De la técnica tengo mucho que aprender.

Fui fan y parte del club de Menudo. Sí, me sé las canciones y las coreaba feliz. Me gustaba Ricky. Era el más feo, pero a mí me gustaba. Nunca lo conocí, era una groupie más, del montón. A esa edad también estaba enamorada de Terry Granchester, el de Candy Candy, la novela infantil de los ochenta. Cuántos sueños de yo y Terry, y Ricky.

Si un libro no me gusta, aunque a todo el mundo le guste, lo dejo a la mitad; me tiene que apasionar para terminarlo. No me gusta Vargas Llosa, ahí esta, lo dije. Sí, no me gusta, pero me encanta Vila Matas y Oriana Fallaci. En gustos se rompen géneros.

Soy insegura.

La gente que me conoce, me conoce. Soy muy transparente y si no se me nota, lo cuento. Hablo tanto que me duele la cabeza. Me puedo reír de lo que digo o me puedo perder en mis comentarios, aunque generalmente tengo muy claras mis ideas. Si por mí fuera, les contaría mi vida entera.

Me gusta sentarme en el piso. Sobre todo si hay una fila larga. Me siento entre la gente, ahí en el piso. ¿Y qué?

Cuando me despierto asusto. De verdad.

Si estoy cansada me refugio en el baño, ahí nadie me molesta. No se atreven. Es mi espacio más privado en todos los sentidos.

Un día esperando afuera de la escuela (primaria) a que pasaran por mí, pasó un tipejo, se bajó el pantalón, me mostró su masculinidad y se fue. Me quedé traumada por varios años, luego lo superé.

Mañana salgo de viaje.

Hay mucho que decir, luego se los diré. No, no soy siempre yo, ni él, ni aquel, ni tú. Todos tenemos nuestras historias y nuestras particularidades. Yo soy igual que ustedes, una lluvia de ideas de lo que vivimos cada día.