Mi cuchirrimín

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Intentando escribir este post he descubierto mi lado obscuro: soy bipolar. ¡Fregado! ¿Por qué no soy normal? Mi madre siempre se quejaba de mi anormalidad, pero quién sabe qué es normal (no le hagan caso a los padres, siempre son muy demandantes y exigentes con los hijos) ¡Ups! pero nos quieren, así como somos, con todo y nuestros defectos. Y yo soy bipolar, pero sólo en eso de los corazones.

Cada que escucho la palabra corazones, pienso en el 14 de febrero, y les juro que se me retuerce el estómago sólo de recordar ese día lleno de globos en forma de corazones por toda la ciudad. ¡Ouch! Qué frustrante es verlos por todos lados, quisiera llevar un alfiler e ir ponchando todos esos malditos globos rojos que dicen Amor.

En ese aspecto sí soy grinch de lo cursi, no puedo con las frases de “Mi corazoncito”, “Mi amorcito”, “Cosita hermosa”, “Mi puchunguis”, “Mi cachito de cielo”. Diooooos, alguien máteme. Y ni se digan las canciones de algunos músicos que no mencionaré, ok, sí, como Arjona, Luis Miguel, Camila, y todos los de su clase empalagosa, derrama miel, te amo con todo mi corazón. ¡Ufff, qué tortura!

Ok, ya saqué todo ese veneno feo, que se apodera de mi cuando salen los románticos cursis a la calle o simplemente los veo respirar por ahí.

Pero sí tengo mi lado cursi, mientras no despierten al grinch ese, soy una linda y amorosa persona. Me pongo sensible con las muestras de amor traducidas en acciones. Con la sensibilidad de la gente por su entorno, su medioambiente, su mundo. Por los justos, los empáticos, los íntegros.

Por el amor sin las frases hechas. Por las parejas que se respetan. Los amigos que te entienden. Por los padres que están al pendiente de sus hijos. Ay sí, me encantan los hombres que no tienen empacho por demostrar que pueden hacer labores del hogar, cuidar a los hijos, ser hombres fieles. Por las mujeres luchonas, las que no se creen el cuento de que la mujer es para esto y el hombre para aquello. Por la gente sencilla, fuerte, sincera y auténtica. Uy, ya me fui de largo… para que no quede duda de mi sensibilidad.

A mí me llegan al corazón mis hijos, con cualquier cosa que hagan pongo cara de idiota, ahí sí, ni cómo negarlo, soy una facilota. El más pequeño dice: “Hola” y ya tengo cara de: “¿Viste qué inteligente es?” o “¿A poco no lo dice de la manera más hermosa?”. El mayor me muestra algún logro, hace algún análisis sobre la sociedad o habla sobre cifras futbolísticas, y yo ya juro que es mejor que José Ramon Fernández. Así de mal me pongo.

También me toca el corazón, cuando salgo a la calle y veo que alguien cede el paso a un peatón; algo que debería de ser normal para mí ya es una muestra de humanidad, y me derrito ante el conductor piadoso.

En fin, todo este rollo sólo para decir que a mi corazón le llegan con acciones y no con sensiblería barata. Aunque respeto a los que les gusta Arjona, festejan el 14 de febrero y se dicen “Mi cuchurrumín”.

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