No tengo razón

gracebuena-2

Esto de adaptarse suena a los animales que cambian de color o de piel para camuflarse y perderse entre los demás; claro, ellos lo hacen como defensa, nosotros nunca podremos, lo que sí hacemos es cambiar nuestras ideas para pertenecer y no ser rechazados. O lo contrario –que es peor–, cuando nos aferramos a una manera de pensar nociva, cuando no queremos escuchar, cuando creemos tener razón en todo.

Cambiar por dar gusto o aferrarse por necio, ambas están mal. Creo, digo.

Durante algunos años fui a terapia –no muchos, eh, no estoy tan malita–, lo maravilloso de la terapia es desahogarse sin ser juzgado, poder sacar los demonios y sentimientos; más que nada me ayudó a no perder piso, a ser moderada en ciertas cosas, a no azotarme, a escuchar consejos y otras maneras de ver las cosas. Cuando uno es tan intensa con sus ideas, necesita que le echen la mano para no aferrarse tan vehementemente a posturas que, muchas veces, son erróneas y llevan a catástrofes irreversibles.

Por ejemplo con los hijos. De entrada ya los vemos perfectos, empezamos a guiarlos por la vida como dios nos da a entender, nos casamos con teorías de formación que juramos y perjuramos son las mejores; leemos, investigamos y nos convencemos de que lo que hacemos está bien. Pasan los años y empiezan las recriminaciones y las preguntas: “¿Por qué no me detuve antes de tomar esta decisión?” o “¿Por qué me aferré?” Cuando te das cuenta, lo hecho, hecho está.

Permítanme cantinflear un poco:

¿Por qué nos empeñamos en tener siempre la razón? Digo, qué mejor que tener convicciones y ser decididos, pero no somos perfectos, hace falta detenernos y aceptar que podemos estar equivocados, hacer una valoración sincera sobre nosotros mismos y nuestras acciones. ¿Qué hago? ¿Qué no hago? ¿Realmente hago lo necesario? ¿Estoy convencida de lo que digo? ¿Soy congruente con lo que digo y hago?

Nos negamos a aceptar nuestros errores, sobre todo ante los demás. No queremos admitir que alguien más pueda tener la razón. Nos negamos a ceder, a vernos de fondo. Nos justificamos de todo, y ante todos. Lo peor es que nos queremos convencer a nosotros mismos de que hacemos lo correcto.

Tomemos un momento para reflexionar, seamos honestos sobre nuestras posturas y sus consecuencias. Dejemos de engañarnos –a nosotros mismos, los demás qué–. Hagamos cambios. Seamos mejores seres humanos.

Yo empiezo hoy. Empiezo a reconocerme, a no aferrarme, a aceptar que no tengo siempre la razón (y aceptar las consecuencias de mis elecciones).

 

Fin del cantinfleo.

Anuncios

Publicado por

2 respuestas a “No tengo razón

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s