Soy

gracebuena-2

Soy despistada, sentida, ocurrente.

Soy miedosa.

Le temo a la soledad. Puedo estar sola, pero prefiero evitarlo, y al mismo tiempo soy ermitaña, si, así.

Le temo a la vejez, a no ser autosuficiente, a depender de los demás, a ser un peso para alguien.

Le temo a los hospitales, me aterra el dolor, el sufrimiento prolongado; sin embargo, la muerte no me espanta. Cuando venga, me voy.

Soy llorona. Las lágrimas me salen por cualquier cosa. Sufro por el dolor ajeno. Me duelen las traiciones, las palabras hirientes, la indiferencia.

Amo a mis amigos y suelo perdonar fácilmente, mi cariño es más grande que el rencor.

Soy sencilla.

Soy práctica, no me gusta la vida complicada. Acepto mis errores, no me aferro.

Soy desprendida.

Soy risueña.

Soy necia.

Soy un ser humano común y corriente.

Me equivoco.

Dudo.

Amo.

Así soy. Soy Grace.

 

Anuncios

¡Qué miedo!

gracebuena-2

Para variar empiezo a escribir y desvarío con miles de ideas pensando en ser rica. ¿Rica? Mmmm.

Bueno, no me caerían nada mal unos cuantos pesos extra para viajar más. Sigo en la pensadera: la verdad, viajo suficiente, no me puedo quejar. Claro, si se tratara de riqueza para despilfarrar, porque si fuera doña millonaria podría gastar al gusto. Recapacito y admito que no sería feliz con mucho despilfarre.

Continuo desvariando: para mí la riqueza radica en otras cosas, en lo cursi como la felicidad, la sonrisa de mis hijos, el amor, etcétera. Pero especialmente en mi libertad, y me refiero a libertad en todos los aspectos. Libertad de ser, libertad de decidir, libertad de expresión, libertad para vivir feliz.

Con la crisis que vivimos en el país, siento que parte de mi libertad fue arrebatada, no lo digo porque esté prisionera en mi casa o no pueda expresarme, sencillamente la inseguridad me hace sentir vulnerable todo el tiempo. Salgo a la calle preocupada, pensando que en cualquier momento va a pasar algo. Y puede suceder cualquier cosa porque en este país pasan las cosas y no hay consecuencias, todos hacen lo que se les da la gana, y nada, no pasa nada; ya saben, la maldita impunidad #quelellaman.

Justo ayer salí a dar una vuelta con mi hijo, él feliz en su bicicleta, yo corriendo detrás (por cierto, muy buen ejercicio para bajar los kilitos de más de esta Navidad); íbamos por la banqueta andando muy divertidos, de pronto pasa un carro y avienta un cohete, los dos saltamos del susto; por suerte no pasó nada porque estalló a unos dos metros de nosotros pero no se imaginan el sobresalto de mi hijo; él tan pequeño preguntando si era una bomba, pobre.

Yo me pregunto: “¿Dónde vivimos que alguien puede pensar que aventarte un cuete es divertido?” Estoy intranquila porque hemos perdido la dimensión de lo que es seguro, en lo particular y en lo general.

Y así vivimos, cada día acostumbrándonos cada vez más a lo que pueda pasar, pensando que es normal la situación, que nada pasa o que a nosotros no nos va a pasar. No, no es normal y no está bien. Las cosas deben cambiar. No tengo las respuestas de cómo, pero sé que las cosas no pueden seguir así.

Tal vez, como dice mi esposo, si fuera rica me podría ir a vivir a otro lado donde pudiera vivir segura, libre y tranquila. Supongo, no lo sé, por ahora sólo me queda cuidarme.

No soy víctima

gracebuena-2

Antes que nada quiero desearles a todos un maravilloso 2015: paz, amor, justicia, salud y felicidad para todos; dicho esto puedo continuar…

Creo que todos tenemos miles de razones para sentirnos mal, cada quién vive las cosas diferente, siempre lo he dicho, no puedo juzgar a quien llora desconsoladamente porque no tiene para comprar una bolsa que le gusta, igual que el que llora porque no tiene para comer. Entiendo que todos experimentamos la vida según lo que nos ha tocado vivir y donde nos ha tocado vivirla.

Lo que sí no tolero es la gente que se victimiza, personas con todo para estar bien, hundidos en un mar de quejas e inconformidades. Por ejemplo, las mujeres que se quejan de sus maridos y siguen con ellos sólo por el “qué dirán”; hablo de mujeres autosuficientes, guapas e inteligentes que arrastran miles de complejos e inseguridades sociales. Mucho menos tolero a las que dicen: “soy una santa por aguantar tanto a mi esposo”, lo aguantan porque quieren.

Me refiero a victimizarse, a todos aquellos que no quieren hacer nada por ellos mismos pero culpan a los demás de sus desgracias; odian su trabajo pero no buscan otro; no soportan a fulanito pero lo buscan para platicar; no tienen amigos pero no quieren cambiar actitudes erróneas de sí mismos. Los que están mal son los demás, ellos son las víctimas de la incomprensión.

No digo que no nos quejemos, debemos quejarnos de todo lo que está mal, hablar, protestar, exigir. Eso es muy diferente a llorar por no tener algo y no buscarlo. Lo veo tanto últimamente a mi alrededor que me pregunto si es un problema generacional o cultural, ¿por qué no dejamos de lamentarnos y actuamos? Creo que es porque es mas fácil ser víctima a ser actor.

Es mas fácil señalar al mundo entero, señalar a tu jefe, a tu amigo, a tu esposo, a tu entorno. Es mas fácil no hacer nada y querer que las cosas caigan del cielo. Es más fácil vivir de la compasión, de que te estén dando palmaditas en la espalda; es más fácil vivir de la lástima, sentirte miserable y que los demás se apiaden constantemente de ti. Yo les llamo flojos mentales, emocionales, sociales.

Dejemos de poner y dar excusas para todo. Dejemos de pedir limosna emocional de los demás. Lo escribo y lo digo duramente porque yo solía ser así, así lo viví durante una etapa difícil en mi vida, me dejé llevar y me perdí en esa telaraña. Sólo se sale siendo duro, siendo realista y trabajando con uno mismo y con los demás.

Todo en esta vida cuesta, nada es fácil, pero tenemos que dejar de soñar y actuar. Todo lo podemos, si queremos. Nadie es culpable de nuestras decisiones de vida, sólo nosotros.

Yo me siento mal cuando… no lucho por mí.