Querido Diario

Uno de los primeros libros que recuerdo haber leído fue “Bajo la rueda” de Herman Hesse, la verdad no fue una lectura fácil, sobre todo para una niña de segundo de primaria, pero tenía tantas ganas de leer que tomé ese.

Antes de eso sólo leía cosas escolares o la enciclopedia, sí, me sentaba a leer letra por letra partes de le enciclopedia, que lástima que ya no las hacen como antes, en fin, ese libro lo recuerdo como el primer libro que yo elegí leer solita. Lo elegí porque estaba ahí en mi casa y la portada me pareció bonita, así de sencillo.

Después de ese vinieron muchos más, pero en sexto de primaria llegó a mis manos el “Diario de Ana Frank”, y fue especial para mi, no sólo por la historia, sino porque fue el primero que me motivó a escribir. Ya tenía mi diario (desde tercero de primaria) pero sólo eran frases de “Quiero mucho a mi amiga fulanita”, “Mi maestra me regaño hoy” y cosas así. No fue hasta que leí a Ana Frank que empecé a escribir sobre mi.

Claro, quería escribir como ella, y empecé imitándola. Lo que empezó como una imitación se volvió en algo necesario en mi niñez, pubertad y adolescencia. Llenaba hojas y hojas de todo lo que me pasaba, sobre la escuela, mis amigas, mis sentimientos, frases, poemas, lo que fuera. Más que nada, fue mi espacio de desahogo, sobre todo en la adolescencia que es cuando pasamos por tantas cosas, inseguridades, tristezas y dudas.

Llené varias agendas, libros, diarios que me regalaban. ¡Ah! Hasta escribí uno completo en clave, en clave porque fue la etapa en la que sientes que nadie te entiende, que no quieres que se enteren de tus más profundos secretos. Aún me sé el abecedario que inventé, leo lo que escribí y mis secretos eran de lo más sencillos, solo tenía un novio secreto, eso era todo -inserte risas aquí-.

La lectura y la escritura me han dejado tanto, no nada más historias de los demás, sino historias sobre mi. Mi vida y tantos recuerdos plasmados en unos cuadernos de niña-adolescente y adulta que nunca me permitirán olvidarme de mi.

Aprendí que no estaba sola, que las letras me acompañaban, que las palabras me hablaban y hablaban de mi. Aprendí a identificarme, a leerme, a entenderme. Era mi espejo, me vi reflejada en mis frases, me sentía segura, protegida y reconfortada. Reconfortada por mi misma.

Y fue mi guarida, mi lugar secreto. Ahí dejé todos mis pensamientos, todo lo que no me atrevía a confesarle a nadie más. Me ayudó a sobrellevar varias etapas difíciles y madurar. Esos diarios fueron mis grandes acompañantes, crecieron y caminaron junto a mi. Siempre estaré agradecida por eso.

¡Gracias libros! ¡Gracias querido diario!

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