Ya me vi

¡Sálvese quien pueda! En esta casa nunca acaba el trabajo, nunca. A veces quiero salir huyendo, huyendo a donde sea, no me importa, aunque una playita no estaría mal. Bueno, acepto cualquier destino, puede ser al pueblito más cercano o a algún hotel boutique de esos que tienen cincuenta mil detalles y amenidades que de verlas te relajas. Así de desesperada estoy, me urge un descanso.

Me recuesto dos segundos en la cama y empiezo a soñar despierta sobre mi lugar de descanso, cuando de la nada mi hijo salta sobre mi para jugar al mar. ¡Ajá! dice que me ponga de espaldas porque voy a ser un barco y él, el capitán –obvio- se sube sobre mi y me dirige “La marea esta tranquila, ahora hay tormenta, ahora olas grandes, muevete más, menos” y así, por supuesto yo me tengo que zarandear para que él resista la tempestad.

Más tarde, de nuevo pienso que ya está todo tranquilo en la casa y pues no, el hijo quiere dibujar un avión con gises gigantes en el patio, así que desisto de seguir soñando y salgo a dibujar un avión –en mi tierra les llamamos bebeleche- pero éste no es cualquier avión, valga la redundancia, éste no termina en 10, termina en 43, y hay que brincar hasta llegar al último numero. Como lo oyen 43 brincos de ida y vuelta que me dejan las piernas como gelatina.

Acaba el juego y veo que tengo unos minutitos para trabajar, porque tengo obligaciones laborales aunque no lo crean. Me presiono y me desespero porque no puedo terminar, escribo como loca, edito como loca, photoshopeo fotos como loca y por fin termino.

¿Y que creen? Ya es hora de hacer tareas con el hijo, ayudarlo a mejorar el trazo, supervisar que termine y aplaudir lo bonito que escribe, por que hay que levantarles el autoestima, ya saben cualquier cosa que digamos negativa puede repercutir en su futuro.

Luego a cenar, bañarlo, acostarlo y contarle un cuento (el cuento más largo que haya, porque él lo elije y le gusta que dure mucho). Para finalizar la rutina no puede faltar acostarme junto a él un rato a platicar de su día y sus dudas. El problema es que si me quedo platicando de más corro el riesgo de quedarme dormida en su cama y ya no poder levantarme. ¡Ay no!

Y bueno, pues ya se me fue el día, estoy agotada, no he parado un momento, yo solo quería fantasear un poco, imaginarme en la arena, frente al mar, con mi bebida refrescante descansando. Mmmm Que rico… Ya me vi.

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