Nueva York con niños

La ciudad que nunca duerme,  dicen de Nueva York. Pero con niños; imposible ese plan. Sin embargo ir con los pequeños a la gran manzana es una aventura. Nunca falta que hacer y las actividades sobran. Este verano fue de fotografías y actividades infantiles.

La primera actividad tenía que ser sin duda el Museo de Historia Natural, que aparte de ser muy llamativo para los chicos esta situado justo frente a Central Park. Si no tienes muchos días para vacacionar puedes matar dos pajaros de un tiro y visitar ambos, pero la verdad el museo te toma todo el día si es que lo quieres recorrer completito. Los esqueletos de dinosaurios es lo que más les gusta a los niños.

El segundo día nos atrevimos a llevar al pequeño a Times Square, a nosotros no nos llamaba mucho la atención, pero estábamos seguros de que las luces, los colores, los personajes y las imágenes espectaculares le encantarían. Claro que sólo puedes estar ahí unos minutos si no quieres engéntarte y volverte loco.

Estando por la zona puedes aprovechar y caminar para conocer el centro y sus edificios, por todos lados encuentras donde sentarte un rato a descansar o tomar un helado.

Día tres; mi hijo moría por visitar La Estatua de la Libertad, pero sobre todo subirse al Ferry que te lleva de un lado a otro. Tip: Si eres como nosotros que no quieres invertirle mucho al paseo hacia Ellis Island, puedes tomar el Ferry que va a Staten Island que pasa justo frente a la famosa Estatua y que es GRATIS (de ida y de vuelta).

De regreso de ese paseo, aprovechamos para conocer el One World Trade Center, erguido justo donde estaban las Torres Gemelas y junto a las Cascadas delMemorial 9/11. A mis hijos lo que les llamo más la atención fue subir al observatorio de la nueva Freedom Tower –esto no es gratis pero la vista vale la pena- desde el piso 104 puedes admirar toda la ciudad y tomar hermosas fotografías.

Al siguiente día nos aventuramos a recorrer Central Park, aquí si que las opciones son miles, puedes desde sentarte a admirar la naturaleza, hasta andar en bici. Esta el zoológico que esta increíble, hay tours, helados, puedes tomarte un rato para remar en sus lagos, sentarte a descansar y olvidarte que estas en el centro de Nueva York.

Ya que estas ahí, alrededor del parque hay varios museos imperdibles, esta el Metropolitan, el Guggenheim y el ya mencionado Museo de Historia Natural.

También muy cerca de ahí está una de las jugueterías más emblemáticas de la ciudad la FAO Schwarz. Los juguetes que encuentras son espectaculares, tiene todo un piso de golosinas y caramelos y en el tercer piso encuentras el famoso piano de la película de Tom Hanks, “Quisiera Ser Grande”. Si quieres volver loco a tu hijo, enTimes Square esta la inmensa Toys R Us con una rueda de la fortuna enorme en su interior o la tienda de Lego frente al Flatiron Building.

Para comer no se pueden perder Eataly, un lugar lleno de puestos de comida italiana. Increíble para los papás como para los hijos, la oferta culinaria es interesante; encuentras pizza, pastas, carnes, pescados, postres, cafetería y por supuesto buen vino (el vino para los papás por qué ya están agotados y se lo merecen).

Imposible ir a Nueva York y no visitar el Highline. Este camino ubicado en el West Side de la ciudad fue construido sobre las antiguas vías del tren, es un parque urbano elevado con jardines maravillosos, vistas asombrosas, arte, y hasta un mini mercado te encuentras a la mitad del recorrido.

Terminando de recorrer el Highline, llegas al Whitney Museum, dedicado al arte y cultura contemporánea americana. Recién reubicado y construido este museo es una buena opcion para niños ya que cuenta con espacios abiertos lo que lo hace muy amigable para los chiquitos. Entrando les regalan un catálogo con las obras expuestas y actividades para que entiendan de que trata lo que están viendo y participen de forma lúdica dentro del museo. Cada piso cuenta con terrazas con vistas a la ciudad. Los niños no sólo aprenderán sobre las obras sino que disfrutaran el recorrido observando e interactuando.

En esta ciudad hay muchas actividades más, sin embargo estas son las que nos tocó experimentar en este viaje. Seguro para el siguiente les tendré más ideas.

Publicado en http://bit.ly/1hiA7bW por Grace Navarro

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De dudas y desvaríos

Soy un manojo de incongruencias. Anoche solo me rondaban las dudas y el miedo, los dramas paseaban en mi mente sin dejarme tranquila, me cuestionaba sobre la vida, sobre mis deberes, sobre no deberle a nada a nadie. Y quería ser libre de mis decisiones, de mis pensamientos, de no estar atada a compromisos que mi corazón no desea.

Mis incongruencias me llevaron a pensar en lo que debo ser, aunque no hay manera perfecta de ser ni de actuar, pero le debemos tanto a la vida y a los seres queridos que los compromisos están. Entonces pensaba en ser y no ser y me puse filosófica.

¿Cuánto es lo que doy?, ¿es lo correcto?, ¿es lo que quiero dar? Sobre todo ¿cuánto es lo que quiero realmente dar? y ¿cuánto es lo que esperan de mi?, y me empecé a hacer bolas, a dudar de mi misma y llegó el drama. El drama de la vida.

Me levanté y caminé por mi cuarto pensando en la vida, daba vueltas de un lado a otro cuestionandolo todo, intranquila, titubeando de mis actos. Enojada conmigo misma, porque siempre siento que no doy lo suficiente. Recriminandome porque tal vez no soy eso que debo ser.

Porque ser y estar es un sentimiento, es algo que sentimos y hacemos, no es una obligación, no es dar un gusto, no es hacer lo correcto. Es hacer lo que sentimos, estar porque queremos. Y yo, cuando no quiero, no lo hago y ¿eso me hace insensible?

Nunca sabré, porque yo no estoy aquí para evaluarme, solo los demás dirán si di lo suficiente, si fui lo que esperaban.

Y mientras más desvariaba, me di cuenta de que tampoco puedo dejarlos juzgarme, no hay dioses, ni jueces, ni héroes. Solo somos seres humanos y nos guiamos por sentimientos, afectos, miedos, pasiones.

Erramos.

Erramos y se vale. Yo me doy ese permiso, no soy erudita de la vida, solo soy una parte minúscula de este teatro llamado vida. Y la vivo.

Llegó la hora

La hora siempre parece que no va a llegar, pensamos en lo que queremos, lo deseamos con todas nuestras ganas y cuando llega, no sabemos ni que hacer. Así que nos aguantamos. Bueno, yo no me aguanto porque cuando deseo algo, lo deseo con todas mis ganas y trabajo para lograrlo.

Así me pasó cuando decidí venirme a vivir al DF, tenía harto miedo, me temblaban las piernas y casi lloraba, pero me armé de valor, me puse los pantalones y salí de Mexicali hacia tierras chilangas y aquí sigo en esta gran ciudad. No me comió, no me pasó nada –pese a los pronósticos de los demás- llegué, me instalé y a trabajar. ¡Gran decisión!

Luego vino la fotografía, ¡Hijole! de verdad me sentía insegura, juraba que era lo más díficil del mundo, “¿Cómo calculas la exposición?”, “¿Qué velocidad necesito en este momento?”, “¿Cómo voy a tomarle foto a alguien famoso?” pensaba. Pavor, tenía pavor. Pero me lancé a los eventos, cada que veía a un fotógrafo no temía en preguntar “¿Y esto para qué es?” “Me explicas por favor”, y así preguntando y arruinando fotos, aprendí. Aprendí a confiar en mi, aprendí a ser humilde y aprendí la mejor profesión del mundo: la fotografía. Si no lo hubiese hecho, seguro estaría detrás de un escritorio y muy amargada por no haber hecho lo que quería.

Después llegó la maternidad, ¡Ah, la maternidad! Que cosa más hermosa y más atemorizante, que miedo saberte responsable de un ser humano, eso, responsable de alguien más. Recuerdo perfecto el día que fui por los resultados de embarazo, era una gelatina andando, ansiosa, nerviosa. No sabía ni qué resultado quería leer, creo que esa es la vez que más asustada he estado en mi vida. Abrí el sobre, leí y ¡zas! Sí estaba embarazada y pensé “Ora si, ¿qué voy a hacer?” me trague todos mis miedos y enfrenté mis actos; decidí tener a mi bebe. Otra gran decisión, sino es que la mejor. Y miren, lo he hecho muy bien y no quiero echarme porras yo solita pero ese hijo mío, es un tipazo, noble y maravilloso.

A los años conocí a Efraín, y bueno después de un tiempo de ser noviecillos, decidimos casarnos, ¡Uff!, sentía una gran felicidad, y al mismo tiempo pensaba en lo que podría pasar, otra vez las dudas “¿Y si me deja?”, “¿Y si se da cuenta que estoy loca?” Que soy una histérica, controladora, maniática. Dudaba de todo; de nuestra convivencia, de que me aguantara, de poder hacerlo feliz o él a mi ¡chin! Maldita incertidumbre. Pero el amor valía más la pena y yendo contra corriente nos casamos. El resultado: la pareja perfecta (¡Ay! si, ¡Ay si!, pues sí, fijense). Soy feliz y creo que él también –bueno eso me dice-.

Así que cuando deseen algo desenfrenadamente y llegue, no la piensen, tomen el toro por los cuernos y aviéntense al ruedo, las gratificaciones son mucho más grandes que quedarse ahí sentado viendo cómo se nos va de largo la oportunidad, por no decir cursimente: La felicidad.