Va con dedicatoria

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Decidí venirme a vivir al DF hace 19 años, siempre digo que es la mejor decisión de vida que he tomado. No es cosa fácil estar lejos de mis papás, de mis hermanos, de las amigas con las que crecí. No estar a su lado es muy difícil.

En esta aventura no he estado sola, he hecho muchísimas amistades (soy muy amiguera y me encanta) tengo a mi esposo, a mis hijos y mucha gente querida que me ha acompañado en el camino. Pero en esta ocasión quiero dedicar esta entrada a dos amigas muy especiales. Amigas, hermanas, almas gemelas. ¡Si! ya me voy a poner cursi y empalagosa (tipo 14 de febrero, como dicen ellas ).

Quiero aprovechar el tema “hablando de mujeres” para hablar (valga la rebuznancia) de estas dos viejas argüenderas –como llamamos nuestro chat– y decirles que las quiero harto, hartísimo.

Las quiero porque me aguantan, se avientan mis largos discursos sin sentido de horas y horas y horas y horas y horas.

Me consuelan cuando lloro por tonterías, por confusiones, por frustración.

Porque no me juzgan y no esperan nada de mí, sólo lo que soy.

Porque cuando me siento sola, están. Lo entienden y sólo me escuchan.

Porque puedo ser la más despistada, atolondrada, intensa y saben que las quiero a pesar de mis tontos errores y despistes (aprovecho para pedir disculpas de las regadas que me he aventado).

Porque me hacen reír.

Porque son auténticas, sin poses, ni pretensiones.

Porque las admiro, son unas chingonas en lo que hacen, y la neta son rete inteligentes y triunfadoras.

Porque aprendo de ellas, me enseñan humildad, lucha, empatía, solidaridad.

De nuevo porque no juzgan. Este apartado lo puedo repetir 100 veces porque es el que más admiro.

Porque son aguerridas. Defensoras de las causas perdidas y de las no tan pérdidas, de las injusticias sociales y la falta de civismo cotidiano.

Porque son sinceras y dicen las cosa como son y como van. Hasta dan miedo a veces. Aclaro que siempre con el más cálido y amoroso respeto pero directo y a la yugular.

Porque no se complican la vida, no andan metidas en chismes y problemas absurdos, y me transmiten esa tranquilidad.

Por más de 16 años de amistad chilanga, porque soy la persona más afortunada. Por eso y una lista infinita de cosas más.

Las quiero, son mi inspiración y mi familia.

Así de cursi, así de meloso, así es.

Gracias, Claudia y Ana por estar.

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